¿Por qué dejamos de tomar riesgos?


No son aquellos riesgos donde estés a punto de perder la vida, sino riesgos que te orillan a vivir la vida, decisiones que puedan hacer tu vida mejor y placentera.

Se ha vuelto un riesgo hablar del elefante en la habitación y esa habitación es nuestro día a día. no interiorizamos en nuestro malestar pues es más fácil quejarse que tomar las riendas. El problema no es tu jef@, sino tu que no te atreves a emprender algo distinto, sabiendo que tienes el talento. ¿Para qué tomar ese curso que te dará nuevas ideas? ¿Para qué decirle a esa chic@ que salgan juntos?... un movimiento demasiado arriesgado.

Sí tomas el riesgo, puedes caer, puedes acertar, puedes equivocarte, puedes triunfar, y puedes SENTIR.

No queremos tomar riesgos porque eso implica sentir.

Y cómo no estamos dispuestos a sentir lo que conlleva vivir, dejamos los grandes proyectos para mañana, y podemos pasar años sumergidos en la frustración, frustración en el trabajo, frustración en tus relaciones sentimentales, en tu trabajo... en tu vida.

Es hora de tomar riesgos y sentir, estar preparad@ para la ola, saber que la posibilidad de caer es alta, pero es más alta la probabilidad de levantarte, aprender y surfear mejor la siguiente ola, divertirte en el proceso, crear vínculos y redes de apoyo, para disfrutar intensamente la aventura.


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